A ellos, que se inventaron junto a mí.
hay lugares que recordaré toda mi vida
algunos han muerto, otros están vivos
en mi vida los he amado a todos
In my life / The Beatles
Crecí deprisa, tanto
que en el estirón,
cayó sin ruido el niño al suelo
y alzose el hombre inacabado.
Escribo sin infancia
desde la voraz invención
nueva y salvaje, de quien conjura
la pala escavadora del olvido,
que arrumbó la casa de los juegos.
Escribo una ventana
por donde entró el pavor azul
del cielo inmenso en el niño,
la ciega legaña, el chiflo claro
del cuchillero en la mañana,
el cristal blanco del desayuno,
la mano del fantasma en el pasillo.
Escribo sin infancia y porque escribo,
recojo amigos y lugares como restos
que el olvido va dejando en sus trincheras,
como quedan los cristales esparcidos,
tras la noche, el alcohol y la pachanga.
Éramos cinco vértigos de pasión.
Tú díminuto
Lolín, ¿sigues ahí?
Atleta del mendrugo y de la onza,
del balón hasta las tantas, amigo,
¿qué ha sido de tus palotes con zapatos?
¿en qué Etiopía volarás, pálido antílope
de carrera, hasta aquella fuente que bebía
nuestra sed de alegría en la llegada?
¿Por dónde callas tu tristeza rubia?
Chuso,
chusín, ¿no me ajuntas? era tu íntimo dolor
la más temida sentencia, y volvías más viejo,
menos niño al rincón de tu madre, volvías a ella
tras el juego, volvías,
a la ínsula mortaja del vientre que te parió.
Celso, celsito, niño mujer, oigo aún
tu voz de jilguero cojo desde el lunar
que nos buscabas en la ingle.
Celestina del patio del pecado,
precoz cascabel de la sangre ensanchando.
¿Qué Lorca te vivía entre los muslos?
¿qué pálpito serás de tanto machote
que durmió en tus brazos un agosto repetido?
Y tú,
Jose, Joselito,
pulga del quinto, hermano
de las hermanas, que todos dibujábamos
en el manchón de las sábanas cada noche.
Último en el reparto del monta y corta, dime,
¿desde qué ojeras duermes tus erres patinadas?
dime, ¿sigues mirando el mundo desde la plenitud
de tu metro y medio exagerado?
Javier, amigo mariachi.
Trueno de perros, adoquín que yo pisé,
más listo que el hambre que amenazaba
en la famélica onza sin pan.
Homero del
Club Márvel,
tu imaginación de zombi nunca descansaba.
Dónde los tejados de la vida que inventabas.
Quién de los
Fantásticos sobrevive.
Qué ceniza el
Hombre de Fuego ahora.
Para qué
Thor sin martillo y sin trabajo
en este mundo de villanos en corbata.
Erais cinco vértigos sin culpa y sin sitio,
sordos al pavor sordo de la palabra mañana.
Yo os evoco desde este invento de memoria,
y os instalo en un presente sin plomo de futuro.
Música: In my life/ The Beatles